40 años del Centro Pompidou en París

40 años del Centro Pompidou en París

Hace 40 años, el mundo de la cultura arquitectónica asistía a la osadía de unos jóvenes hippies que decían ser arquitectos, Renzo Piano y Richard Rogers, quienes idearon un edificio lleno de tubos metálicos completamente transparente y flexible. No hubiera pasado nada si se hubiera tratado de una refinería, pero se trataba de un centro cultural ubicado en pleno centro de París y que chocaba de pleno con el resto de la arquitectura residencial de la zona.

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La conmoción generada por el Centro Pompidou en París fue semejante a la producida por la Torre Eiffel en el París del año 1889. Pero no tardó en ganarse las simpatías de los parisinos. Actualmente, las figuras metálicas de ambos edificios siguen atrayendo a los visitantes de París y de todo el mundo como la mejor expresión de la tolerancia cultural que la ciudad ha venido representando desde el siglo XIX.

En la segunda mitad del siglo XX, en un entorno de euforia económica, un presidente conservador francés llamado Georges Pompidou, convocó un concurso para llevar a cabo un centro de arte contemporáneo en París. La convocatoria fue ganada por dos arquitectos sin experiencia y además extranjeros, un italiano y un británico, que propusieron una obra revolucionaria y enmarcada en el movimiento high-tech.

El centro cultural, conocido como el Beaubourg por el lugar que ocupa en el barrio parisino de Les Halles, fue inaugurado el 31 de enero de 1977 por el presidente de la República Francesa, Valéry Giscard d'Estaing, pero lleva el nombre del presidente anterior, Georges Pompidou, verdadero promotor del proyecto, quien falleció prematuramente en 1974 sin ver finalizado el proyecto.

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Pompidou logró que el Ministerio de Cultura convocara en 1971 un ambicioso concurso internacional para la nueva institución, con un extenso programa que incluía una biblioteca pública, un museo moderno, un centro de diseño industrial y otro de investigación musical, además de espacios dedicados al ocio, con cines, librerías y restaurantes.

Al concurso se presentaron 681 proyectos procedentes de 49 países. La propuesta ganadora, votada por ocho de los nueve miembros del jurado, venía firmada por Renzo Piano y Richard Rogers, con escasa experiencia en construcción. En la elección influyeron dos miembros del jurado, el ingeniero francés Jean Prouvè y el arquitecto estadounidense Philip Johnson. Prouvé era un francés que unía la tecnología a la arquitectura en los años cincuenta, por lo que le gustó bastante el proyecto de Piano y Rogers y fue el mayor entusiasta de este proyecto; por su parte, Johnson era un  estadounidense de la corriente miesiana que introdujo la arquitectura europea en Estados Unidos después de la II Guerra Mundial.

Cuarenta años después, Piano comenta: "Después de 1968, tenía que hacer algo, mostrar algo." Piano dice que él y Rogers, a los 30 años, eran, de acuerdo con los estándares de su profesión de maduración lenta, "adolescentes, muchachos jóvenes". "Cuando uno es tan joven, es inocente. Lo que uno hace es lo que siente." Sus propuestas "eran un ejercicio en libertad, no guiado por ningún deseo de ganar o hacer concesiones". Lo excepcional era que "un político poderoso como Pompidou" hiciera un concurso abierto que lo pudiera ganar ese equipo. "Fue una idea realmente muy valiente. La cuestión era hacer que a la gente le gustara que nosotros hiciéramos algo así."

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Los arquitectos partían de la idea de que "la cultura debe ser diversión". "Después de décadas de museos llenos de polvo, aburridos e inaccesibles," declaró Renzo Piano, "alguien tenía que hacer algo distinto. Poner esta nave espacial en el centro de París fue un poco loco, aunque fue un gesto honesto." Y muy valiente.

Piano y Rogers no querían que el edificio se convirtiera en un monumento, en otro museo de cultura inaccesible. Querían que fuera un "happening", un marco de participación masiva en el que los visitantes pudieran interactuar con el edificio; un edificio que expresara rebelión locura y honestidad. La respuesta fue unánime: "París tiene su propio monstruo", sentenció Le Figaró. Le Monde dijo que era "una violación a París… Un King Kong arquitectónico". Fue comparado con "una refinería de petróleo" y una mancha en la cara.

Para el concurso, los arquitectos imaginaron un gran escenario con caños y estructura en el exterior para dejar el interior libre de cargas y completamente adaptable. Partes del edificio se podrían montar y desmontar según las necesidades futuras. Sus pisos se moverían hacia arriba y hacia abajo. Pantallas electrónicas interactuarían con las multitudes en una plaza exterior y las escaleras mecánicas en tubos de vidrio transportarían a la gente hacia el cielo.

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Fueron valientes y confiaron en que la cultura es flexible. Cada 20, 25 ó 30 años, cambian las concepciones de lo que es arte y lo que no. Piano y Rogers lo sabían, por lo que su misión principal era la de crear un espacio adaptable, que pudiera transformarse de manera continua con el paso del tiempo, que no quedara encorsetado con los cánones de la época. Recortes de presupuesto, y la llegada de un nuevo presidente, hicieron que algunos de los planes originales, se modificaran: no iba a haber pantallas gigantes en la plaza, y los muros transparentes fueron reemplazados por paredes opacas.

Habiendo ganado, se embarcaron en un proceso excitante de iniciar la construcción del nuevo edificio. Hubo juicios y toda clase de reglas y regulaciones. Hubo muchas, muchas crisis." Pompidou murió antes de que se terminara el centro y su sucesor, Giscard d'Estaing, después de considerar la cancelación del proyecto, recortó los presupuestos. No todas las ideas originales sobrevivieron el proceso. Se quitaron las pantallas informativas. Los pisos no eran movibles. Las regulaciones contra incendios hicieron que las paredes transparentes tuvieran que ser opacas y que se envolvieran partes elegantes de la estructura en material de protección.

El proyecto sufrió crueles críticas. Parecido a lo que sufrió su paisana, la torre Eiffel en el siglo anterior. Recibió numerosas críticas que la calificaron como «un burdo acto de jactancia», «una tomadura de pelo a escala monumental», o una «fanfarria patriotera realizada por una banda de pop». Sus propios autores reconocieron que tuvo mucho de provocación, y que expresaba la tecnología con ironía.

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El edificio no ocultaba nada. Su imagen exterior se componía de una gran variedad de barras y tubos metálicos pintados de azul, verde y amarillo, que correspondían a climatización, fontanería y electricidad, además de los tubos rojos acristalados para circulación de visitantes mediante ascensores y escaleras mecánicas. La estructura metálica externa contribuía al aspecto industrial de la obra.

El proyecto atesora verdaderos valores arquitectónicos relativos a la calidad de sus espacios. Bajo la cubierta, cinco plantas diáfanas, cinco grandes espacios sin obstáculos, que podían ser organizados y divididos con absoluta flexibilidad. Para ello se situaron los pilares y las instalaciones en el perímetro, en las fachadas, y se apoyaron los forjados en vigas de gran canto que salvaban los 48 metros de anchura del edificio sin apoyos intermedios.

Junto a este centro se encontraba la plaza Georges Pompidou, que rápidamente se convirtió en escenario para músicos callejeros, mimos o artistas. Fue la concepción de esta plaza la que marcó el proyecto. En uno de sus laterales, se levantó en 1983 la fuente Stravinsky, dedicada al compositor ruso, y que cuenta con una estructura de dieciséis esculturas. Diseñada por los escultores Jean Tinguely y Niki de Saint Phalle, incluye piezas en movimiento y aspersores de agua que intentan homenajear el trabajo de Stravinsky.

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En poco tiempo se convirtió en uno de los centros culturales más visitados del mundo y en uno de los atractivos turísticos más aclamados de Francia.

Cuarenta años después de su inauguración, el Centro Pompidou sigue siendo moderno y radical. Su concepto se ha visto en todo el mundo, proliferando los grandes espacios continuos y flexibles, sustentados por estructuras metálicas, con cerramientos de vidrio que dejan paso a la luz natural.

A lo largo de su vida, el Pompidou ha presentado más de 325 muestras de arte y aunque es difícil escoger entre todos esos programas, su presidente, Serge Lasvignes, cree que “algunos eventos del centro han hecho historia”, como la retrospectiva dedicada a Salvador Dalí en 1980, repetida luego en el 2013 con el mismo éxito. Lasvignes destaca también la muestra Inmateriales que “para muchos artistas contemporáneos marcó una especie de revelación pues se cuestionaba a través de diferentes disciplinas la validez del concepto de modernidad”.

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Tras la celebración de sus 40 años, el Pompidou se someterá a una gran restauración, valorada en 100 millones de euros. Entre los planes está la restauración de su única fachada, la reparación de elementos de climatización que ya no funcionan y la sustitución de las escaleras mecánicas, pero el centro mantendrá su actual estructura industrial. La renovación comenzará en 2018 y se extenderá hasta 2020.

"He querido que el 40 aniversario del Centre Pompidou sea una fiesta de la creación artística por todo el país. Que hable de la vitalidad de las instituciones culturales que comparten el espíritu del Centre Pompidou. Que permita celebrar las relaciones establecidas con artistas, museos, centros de arte, salas de espectáculos, festivales; desarrollar y enriquecer la larga historia de proyectos comunes al servicio del arte y de la creación. Que sea la ocasión de ir al encuentro tanto de quienes siguen con pasión al Centre Pompidou desde hace 40 años como de un público nuevo. El aniversario del Centre Pompidou se ancla en el territorio a través de numerosos eventos para provocar, acompañar, favorecer y facilitar proyectos", declaró Serge Lasvignes, actual presidente del Centre Pompidou.

La programación anual se enmarca en este aniversario. Comienza con la primera retrospectiva completa de la obra del artista estadounidense Cy Twombly, y otras exposiciones inéditas que celebran las obras del fotógrafo norteamericano Walker Evans y del pintor inglés David Hockney. Además, llegarán préstamos excepcionales y se realizarán actividades y eventos durante todo el año. Cuarenta ciudades francesas albergarán exposiciones, espectáculos y encuentros en colaboración con museos, centros de arte contemporáneo y festivales.

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