Arquitectura cultural y medioambiente

Arquitectura cultural y medioambiente

La Arquitectura es un hecho cultural que responde a un entorno, determinado por unas condiciones y unas circunstancias que han llevado a concebir estructuras para proteger al ser humano, de forma individual o colectiva, o expresar ideas o mensajes, así la Arquitectura consigue ser transmisora de la ideología de su tiempo. Siempre que hay hallazgos arqueológicos, éstos  nos ayudan a entender épocas pasadas, a aportar nuevas informaciones sobre las formas de vida de esas pasadas civilizaciones.

Si dentro de millones de años, los arqueólogos examinaran nuestro patrimonio arquitectónico actual, me da la sensación de que irían un poco despistados, con la sensación de que hay elementos ciertamente muy estudiados e insertados armónicamente en el entorno, conviviendo con otros que aparentemente han surgido de la espontaneidad y la sinrazón. La arquitectura contemporánea nos da evidencias de que algo no va bien. Asistimos a la construcción de edificios descontextualizados, y sin ninguna armonía estética ni funcional, inmersos en una vorágine de consumismo de edificaciones que no responderían a intereses culturales.

La Arquitectura es, por su naturaleza, una actividad destinada a satisfacer necesidades humanas. Como ahora éstas son muy numerosas, tanto a escala individual como colectiva, las muestras son también muy diversas.

Siendo una de las funcionalidades de los edificios la protección, una compañía japonesa ha desarrollado un material de refuerzo sísmico superligero, a base de fibra de carbono y tela., con el que ha envuelto su sede para demostrar cómo esto podría funcionar.

 

En contraposición, el nuevo Centro de Nanotecnología de la Universidad de Pensilvania, que ha sido diseñado por la oficina de arquitectos Weiss / Manfredi. Tanto la Universidad como Filadelfia tienen una tradición de organización de los edificios alrededor de patios abiertos. Los edificios de laboratorio suelen estar organizados en torno a un pasillo central y ofrecen poco espacio público. El Centro para la Nanotecnología centra los laboratorios en torno a un patio central, abriendo las Ciencias de la Universidad hacia el paisaje y proporcionando un nuevo espacio abierto interior / exterior para la interacción.

La Arquitectura ayuda también a proporcionar rasgos de identidad a la población. Esa necesidad de identidad manifiesta lo que somos y cómo nos integramos en nuestro paisaje. Uno de los casos más claros es el de la Torre Eiffel. El 14 de febrero de 1887, una cincuentena de intelectuales y artistas de Francia firmaron un manifiesto ante la aberración que les parecía erigir “la inútil y monstruosa Torre Eiffel”. En la actualidad, este monumento “que no sirve para nada”, se ha convertido en el símbolo de toda Francia.

En contrapartida encontramos la arquitectura vernácula. Castillos, santuarios, murallas, que han perdurado a través de los siglos, sufriendo todo tipo de agresiones, que poseen una indiscutible identidad, ya que han pertenecido a un lugar determinado, han sido construidos con materiales de proximidad y han sabido establecer un íntimo diálogo con su ámbito. El entorno pertenece a la Arquitectura y la Arquitectura al entorno. Pero no debemos caer en el error de pretender que la única identidad arquitectónica se encuentra en el pasado.

Estas tipologías edilicias son mensajeros de un tiempo histórico, en el mismo momento en que son construidas. Algunas perduran y otras desaparecen.

Las características definitorias de nuestra sociedad son el establecimiento de una arraigada cultura consumista, el fuerte impulso de la investigación científica y un desarrollo tecnológico para la creación de nuevos productos y materiales que parece no tener fin. También es representativo de nuestra cultura un proceso acelerado en cuanto a nuevas costumbres, ideales, objetivos, etc.(o la ausencia de ellos), sometidos a modas o tendencias artificialmente creadas y que producen una sensación permanente de insatisfacción, angustia y estrés mental, que derivan en un vacío existencial personal y colectivo.

Todo ello envuelto por una cultura empresarial sin escrúpulos y que busca su propio beneficio económico. Por lo tanto, concluyo diciendo simplemente que la Arquitectura se ha convertido en un producto de consumo, un panorama en el que los edificios se diseñan y construyen sin mayores consideraciones hacia el entorno en particular y el medioambiente en general, con todos los problemas que ello conlleva.

Una posible salida radicaría en las iniciativas sostenibles surgidas en los años noventa. La Arquitectura sostenible resulta entonces, una disciplina flexible que incorpora la variable “Ambiente” en todo el proceso de diseño, construcción, y futura utilización de un edificio así como su mantenimiento. El futuro está ahí.

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