La arquitectura espectacular de Herzog & Meuron

La arquitectura espectacular de Herzog & Meuron

Hace unos meses acaba de ser inaugurada la Filarmónica del Elba. Erigida sobre un viejo almacén a orillas del río Elba en Hamburgo (Alemania). Las obras han durado trece años, desde que en 2003 se encargó el proyecto a los arquitectos suizos Herzog & de Meuron. Los motivos, además de los sobrecostes –en torno al 1.000% según algunas fuentes–, se debieron principalmente a diversos problemas legales.

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El proyecto formaba parte de un plan urbano que contemplaba el desarrollo inmobiliario de una extensa área portuaria de Hamburgo. El proyecto regulador para HafenCity –ciudad puerto, como así se llama el plan– incluye decenas de nuevos edificios de oficinas y viviendas, parques, locales comerciales y restaurantes, hoteles y espacios para el ocio y la cultura.

El proyecto la Filarmónica del Elba, conocido también como Elphi, consiste en un volumen de vidrio sobre una construcción de planta triangular levantada en 1963 y considerada un icono del renacer de la ciudad portuaria alemana tras la Segunda Guerra Mundial. Las nuevas instalaciones, que se alzan por encima de los cien metros de altura, comprenden tres salas para conciertos con capacidad para más de dos mil espectadores, un hotel y una plaza pública con una vista panorámica de 360 grados.

El corazón de la Filarmónica del Elba es un gran espacio o auditorio cuyo centro está ocupado por la orquesta y el director de orquesta; terrazas en filas de asientos empinados (gradas a modo de “terrazas de un viñedo”) permiten que el público disfrute de espectaculares vistas panorámicas. Una perfecta acústica de la sala, desarrollada por el japonés Yasuhisa Toyota, de Nagata Acoustics, se consigue mediante una piel blanca que se compone de diez mil piezas individuales, y un reflector de cincuenta toneladas montado en el techo. El japonés opina que la acústica "es la ciencia más inexacta que existe", al pedir durante la ejecución “sensibilidad a los ingenieros”.  Dos salas de conciertos más pequeñas complementan el edificio.

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En la ejecución de la “piel blanca", compuesta de diez mil placas de fibra de yeso, se ha empleado papel reciclado. Ninguna es igual, pesan desde 35 hasta 125 kilos. Dependiendo de donde estén colocadas describen un dibujo u otro según un complicado algoritmo desarrollado por un programa 3D que mide el efecto de choque de las ondas de sonido en relación con este auditorio, que se eleva hasta los cincuenta metros de altura. Las butacas, diseñadas por la firma italiana Poltrona Frau, tienen el mismo efecto en la acústica haya o no personas sentadas. Importante detalle para no llevarse sorpresas al abordar un concierto abarrotado de espectadores tras un ensayo sin público. Remata la escena un gigantesco órgano de 4.765 tubos.

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Los arquitectos creen que este es un proyecto para el siglo XXI: "No se podría haber hecho antes. La idea de poner a la orquesta en el medio no es nueva. Tampoco que la acústica imponga el diseño del graderío. Lo fascinantes es ver cómo gradas y paredes crean una unidad espacial, elevándose como una gran carpa hasta el techo, que no está completa sin la presencia de los espectadores y los músicos. Aunque está oculto al exterior, el auditorio define la estructura de todo el edificio, un icono de la ciudad, un nuevo acento en el horizonte plano de la ciudad". Si este edificio está llamado a ser la gran obra arquitectónica de la temporada es también debido a su impactante fachada, que exhibe una construcción encima de otra en dramático contraste.

Por debajo se levanta el almacén Kaispeicher A, construido en los años sesenta para guardar tabaco y cacao, función que cumplió hasta finales del siglo pasado. Está hecho de finos ladrillos, una tradición arquitectónica propia de la ciudad. Los vecinos barrios de Speicherstadt y Kontorhaus son Patrimonio Mundial de la Unesco precisamente por esa estética tan dura y a la vez elegante. Lo que hace diferente a este inmueble es su planta casi triangular, de geometría abstracta, que enamoró a Herzog & de Meuron. Dejaron en pie sólo las paredes y, sobre la superficie cenagosa, clavaron 650 pilares más que añadir a los existentes 1.111 para levantar encima siete plantas de aparcamiento, salas de ensayos y una gran escalera mecánica de 85 metros de largo. Según los arquitectos, "proporciona a quienes la usan una sorprendente experiencia espacial al estar vedada la vista de su final desde los extremos". En la parte superior se erige una gran plaza pública cerrada, con bares y restaurantes, con una visión de 360º sobre Hamburgo a 37 metros de altura.

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Como elevado en suspensión se asienta el siguiente bloque, en este caso recubierto por una gigantesca superficie vidriada. En palabras de Herzog & de Meuron, "transforma el edificio en un cristal iridiscente cuya textura cambia de apariencia al captar los reflejos del cielo, el río y la ciudad, convirtiendo la fachada en un intrincado puzzle". Para conseguir este efecto se recubrió de más de un millar de paneles de entre cuatro y cinco metros de ancho cada uno y un peso superior a una tonelada. La forma abombada de muchos de ellos fue posible gracias a su moldeado a 600 ºC, con un doble objetivo: ahondar en las referencias a la superficie irregular del agua y poder abrir ventanitas en los laterales, a fin de refrescar con ventilación natural el interior de la Filarmónica. Otros se mancharon con motas de basalto, las cuales repelen el efecto invernadero producido por el reflejo de los rayos del sol. Los que salen mal parados son los limpiacristales, que se tienen que colgar en rápel para pasar el paño a los 16.000 metros cuadrados de fachada.

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En su punto más elevado, la Filarmónica del Elba crece hasta los 110 metros, simulando con la línea de la azotea una sucesión de olas. Incorpora, además, otra sala de conciertos con capacidad para 550 espectadores, 45 exclusivos apartamentos y el hotel Westin Hamburg, de 250 habitaciones.

Herzog & de Meuron demuestran con esta exuberancia arquitectónica que son uno de los estudios con más empuje de la actualidad, tanto por la ambición estética de sus propuestas como por la escala que manejan. Ninguna de sus obras deja indiferente a un buen observador. Su trabajo ha influenciado enormemente a la arquitectura contemporánea. Su práctica abarca un espectro muy amplio de las ciencias y la cultura visual del siglo XX, incluyendo física, biología, pintura, escultura, land art, arte conceptual, fotografía, cine, etc.

En su artículo “La geometría oculta de la naturaleza” (1988) Jacques Herzog se refería a la necesidad de penetrar la superficie aparente de la naturaleza, para de esta forma poder apreciar su configuración y los múltiples sistemas de un orden que hay debajo : “… nuestro interés en el mundo invisible radica en encontrar una forma para desvelarlo en el mundo visible. Nos referimos a la complejidad de un sistema de relaciones que existe en la naturaleza, nuestro interés se centra en la geometría oculta de la naturaleza, en un principio ‘espiritual’, y no primordialmente en el aspecto externo de la naturaleza.”

Estas ideas reivindican una reflexión en torno al significado mismo de la materia, su esencia, y las relaciones que establecen con el medio ambiente construído. Los procesos naturales se conectan con los culturales y en ese contexto, la arquitectura es el intento de desarrollar e incrementar esa continuidad, buscar códigos que traduzcan información natural y artificial.La posición de Jacques Herzog se encuentra próxima al pensamiento de algunos filósofos de las ciencias de la vida, quienes apoyan que no existe una separación entre vida y técnica o entre sujeto y objeto técnico, afirmando que el hombre se encuentra en continuidad con la naturaleza gracias a la técnica. En esta perspectiva el objeto arquitectónico constituye la continuación de la vida misma por medios diferentes, siendo un fenómeno universal representado por una ‘instrumentalización’ gradual del entorno habitable.

(Apuntes recogidos del blog: http://apuntesdearquitecturadigital.blogspot.com.es/2012/06/arqs-jacques-herzog-pierre-de-meuron-el.html )

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Para Herzog y de Meuron la materia nunca ha sido materia en bruto. Siempre ha existido para ellos una historia de sus aplicaciones, de sus fracasos y de sus posibilidades tanto como un espectador capaz de percibirla y contemplarla en relación a su distancia, corporeidad y una especial fisiología humana del ojo y la mirada.

La percepción óptica de la escala de la materia ha primado en el juego de su arquitectura como una estrategia visual determinante y lo ha hecho por encima del tacto. O dicho de otro modo, para Herzog y De Meuron la materia siempre ha sido importante en cuanto que es capaz de destapar y poner en cuestión, un sistema de percepción del que cabe aprovecharse para producir sorpresas: materia visual.

 

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