Marià Castellà, un ejemplo a seguir de consolidación de la arquitectura en el paisaje de Formentera

Marià Castellà, un ejemplo a seguir de consolidación de la arquitectura en el paisaje de Formentera

Una calurosa noche de agosto, una estrella fugaz cruzó el cielo de Formentera. Una estrella fugaz es realmente una pequeña pieza de piedra o polvo que desde el espacio golpea la atmósfera de la Tierra. Se mueve tan rápido que se calienta y brilla al moverse a través de la atmósfera.

Aquella noche, además de ver una estrella fugaz, conocí a un joven estudiante de arquitectura que ayudaba en el restaurante de su padre, durante los meses de verano. Posteriormente, ese joven talento se convertiría en el primer formenterano que conseguía la carrera de Arquitectura, además de ser un gran talento de la Arquitectura actual, una estrella en el firmamento.  Se trata de Marià Castelló quien, a pesar de su juventud, lleva ya quince años trabajando en la isla con numerosos e innovadores proyectos que han tenido gran repercusión en ella.

En una entrevista, Marià confesaba que quería ser arquitecto, pero no sabía muy bien por qué, ni sabía lo que implicaba. Estudió su carrera en Barcelona, ciudad que le encantó como una de las capitales de referencia del diseño europeo y todo su universo cultural y artístico. ”Por eso, considero que si tuviera que decidirme por una ciudad favorita, escogería Barcelona, por todo lo que me ha dado”. Barcelona le ayudó en su bagaje para completar de modo fructífero su carrera profesional y personal, aunque  Formentera siempre estuvo presente. Su primer proyecto fue un Centro Cultural en Sant Francesc, que tuvo muy buena acogida aunque finalmente no se completó. “Fue el momento en que decidí que prefería ser cabeza de ratón que cola de león indefinidamente y regresé a Formentera… poco después me otorgaron el premio organizado por el Col-legi d´Arquitectes de les Illes Balears, aunque otros hubieran podido lograrlo, ya que se presentaron varios proyectos muy buenos”, añade Marià.

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El estudio inició su actividad en 2002, con una serie de proyectos de iniciativa pública y privada, caracterizados por la vinculación, el respeto y el compromiso con la cultura, el paisaje y el territorio. Para él, tiene una gran importancia el entorno, y es este entorno el que determina la arquitectura y el respeto hacia la cultura popular. Esta idea es la que marca toda su obra.

En medio de un desarrollo urbanístico vertiginoso, de escasa calidad arquitectónica, que contrasta con los ejemplos residenciales típicamente pitiusos y otras edificaciones religiosas, surge este estudio de limitados recursos pero de gran inspiración, con escasa capacidad para asumir grandes proyectos pero con un caudal enorme de buenas ideas y de, sobre todo, coherencia consigo mismo y con el entorno que les rodea.

Uno de los mejores ejemplos de integración de lo antiguo y lo contemporáneo es la señalización y restauración de las viejas parcelaciones de Formentera denominadas “Gràcies Reials”, que datan del siglo XVII y fueron concedidas a Marc Ferrer y Antoni Blanc. “Se trata de extensiones de 4×4 y 2×2 kilómetros cuadrados respectivamente, a partir de las cuales se hizo la primera división de la isla y que sirvieron de punto de partida para otras subdivisiones entre sus descendientes”. Estas parcelaciones son identificables mediante una serie de hitos ha proyectado en acero corten, cuya oxidación superficial crea una película que impide el deterioro del interior de la pieza y otorga a éste un llamativo color rojo anaranjado, y que se ajustan a los vetustos muros de piedra seca.

Sin embargo, la obra que le ayudó a despegar fue, sin duda, Es Pujol de s'Era (Formentera) que es además su estudio, su casa. Esta obra ganó el certamen Ópera Prima 2006, del Colegio Oficial de Arquitectos de las Islas Baleares. El proyecto se desarrolló entre 2002 y 2004 y la construcción entre 2004 y 2006. La casa tiene una superficie interior de apenas ciento cincuenta metros cuadrados y ocupa una superficie de terreno de unos doscientos metros cuadrados. De una sola planta, la edificación "se deposita" sobre el terreno casi sin tocarlo y pareciendo que levita sobre él (retranqueando la cimentación). Está construida con bloques de termoarcilla revocados y pintados en blanco y forjados de hormigón armado. El cerramiento es de vidrio y madera de iroco. La misma madera se utiliza para realizar las divisiones interiores y los muebles. La casa se encuentra en mitad del campo, delimita por el Norte con un recorrido de muros de piedra y campos de trigo y cebada, por el Sur, por un bosque que hace de jardín de la casa. La casa se divide en dos mitades, el estudio al Norte y la vivienda al Sur, separados por un bloque de servicios que, iluminado cenitalmente, integra librerías, armarios, baño, y cocina, así como dos paredes correderas de iroko.

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En el año 2011, el arquitecto vuelve a poner de manifiesto su estilo claro y esencial en la reforma de un pequeño apartamento en Ibiza. La intervención ha tenido como objetivo repensar el espacio interior de esta pequeña vivienda, levantada en un bloque de los años setenta en el ensanche de Vila. El racionalismo arquitectónico de la época se evidencia en cada una de las partes de la edificación: desde el tratamiento de la volumetría exterior hasta la organización del programa funcional. Antes de la rehabilitación, la planta -de tan sólo sesenta metros cuadrados construidos- se presentaba “muy triturada” albergando un vestíbulo, estar-comedor, cocina, baño, dos dormitorios y dos pequeñas terrazas orientadas al Oeste.

Pues bien, este año el proyecto de rehabilitación del cementerio viejo de Sant Francesc ha sido seleccionado como finalista en la edición de este año de los premios FAD de arquitectura e interiorismo que concede la asociación ArquinFAD del Fomento de las Artes y del Diseño (FAD). Se trata de una intervención rápida, destinada a consolidar un espacio abierto al público y en el que se trabajó de forma conjunta con un equipo de arqueólogos, técnicos de Patrimonio e historiadores. La recuperación fue totalmente respetuosa con los materiales originales, excepto en la puerta del recinto, en la que la imposibilidad de recuperar el material preexistente, se optó por el acero “corten”.

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Actualmente, se encuentra trabajando en el proyecto del nuevo centro de deportes náuticos. Es una intervención en la zona de protección de Costas. Toda la estructura es en madera, al igual que los cerramientos, e incorpora sistemas de energías renovables, con placas fotovoltaicas y térmicas. Tendrá dos partes diferenciadas, una ligada a la docencia y la administración, con unas oficinas, y otra que es donde se situarán los vestuarios, el taller y un pequeño espigón que va hasta s´Estany des Peix. Se ubica en la única zona libre, en contacto con el lago, que queda del núcleo urbano de la Savina. Luego hay un acceso y a través de el, se descubre el agua.

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